Obispo Cristián Contreras Villarroel: Allí donde está la muerte, abundan los deseos de vida

El obispo de la diócesis, don Cristián Contreras Villarroel, en su homilía saludó a la asamblea con estas palabras: “Al igual que la noche de Navidad, también esta noche Pascual es Noche de paz y de amor, de la Paz y el amor que nos trae Cristo resucitado con las huellas de su Pasión dolorosa y cruenta. Por eso, mi primer saludo es con las primeras palabras y el primer regalo de Cristo resucitado: “la Paz esté con ustedes”.
Seguidamente se refirió a la liturgia de la luz: “Un bello canto rompió el silencio de esta noche para pregonar las alabanzas de lo que Dios ha hecho en medio de nosotros, para que se nos abriera el oído y sobre todo el corazón, y una y otra vez escucháramos esta bella antífona: esta es la noche. Sí, es la noche de la creación, la noche de la liberación del pueblo, la noche en la que el Señor ha ido realizando todas sus gestas a favor nuestro. Y por eso nosotros podemos decir con gozo y alegría: ¡qué misterio de amor más grande el de nuestro Dios para con nosotros! Para rescatarnos a nosotros, que somos esclavos, ha querido entregarnos a su propio Hijo.
Refiriéndose al
pregón pascual, dijo: “Oh, feliz culpa, que mereció tan grande Redentor. ¡Qué paradoja! Esto es incomprensible a la razón humana. ¿Puede haber una culpa feliz? Pero la atención no está en la culpa, sino en la redención de Cristo. San Pablo lo comprendió de modo impresionante al afirmar: “Sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman” (Rom 8, 28). Y de acuerdo con el Pregón Pascual podemos añadir, “incluso el pecado”, no para quedarnos en el pecado o justificar la maldad, sino para confesar que incluso en el pecado, Dios no deja de llamarnos a nuestra vocación de libertad y no de esclavitud.
Y acerca de la liturgia de la Palabra, dijo: “Hemos escuchado la narración de la creación cuando la Palabra de Dios se eleva poderosa sobre el caos primario; y de la desolación sombría emerge el universo armoniosamente regulado. Así cada día de la creación es valorado por Dios como algo bueno. Pero su obra principal, la creación del ser humano, fue valorado como “muy buena”. Eso somos nosotros ante Dios: muy buenos y también muy bellos, porque somos imagen y semejanza de Dios”.
“La narración del éxodo y la liberación que Dios regala a su pueblo. La oración nos hizo comprender que, si grande fue haber sido liberados de la opresión de un faraón, mucho mayor es la libertad de que el Señor Jesús nos ha regalado y de la que participamos por el sacramento del bautismo”. Y el profeta Isaías (55, 1-11) nos dice otra cosa hermosa: el resucitado es fruto admirable de la tierra. Es el que descendió de lo alto como lluvia, como rocío que empapó la tierra, la fecundó y ahora emerge de la tierra como vida nueva. ¡Cómo no va a ser grande nuestra alegría al contemplar que en esta noche se junta el cielo con la tierra! Podemos decir que somos una sola cosa en Dios, somos “otros Cristo” como afirmará san Pablo. Estamos vivos y resucitados en Él. En esta noche tenemos el gozo infinito de ver que se cumplen todas nuestras esperanzas.
La resurrección hoy
“¡Cierto! Cristo ha resucitado. ¿Y cómo toca nuestra vida de todos los días la resurrección del Señor? ¿Ilumina nuestra existencia hoy? Basta mirar nuestra Patria con todos sus conflictos; también a nuestras familias y barrios: hay dolores y también esperanzas. ¿Y qué decir de nuestros enfermos, de las personas cesantes, de aquellos que no encuentran sentido a sus vidas? ¿Qué decir de la violencia en los colegios?
Esta noche santa nos recuerda que el mismo Señor que resucita de entre los muertos es el que descendió a lo profundo de la tierra. Jesús es el que entró al corazón de la vida de todos nosotros. Es el que ha sido probado con lágrimas y con gemidos en todo, menos en el pecado. Es el que ha asumido de corazón la pasión y debilidad de la humanidad. Él sabe lo que es el desprecio: nació en una pesebrera de animales; vivió el exilio en Egipto; Él sabe lo que son las largas noches, porque estuvo una larga noche en vela; Él sabe lo que es la maldad y las consecuencias de los pecados de los hombres. Él sabe lo que son los conflictos humanos: conoce a los pecadores y les restituye su dignidad de hijos de Dios como a los leprosos y a la mujer adúltera. En ella está el llamado a nuestra vocación de conversión: “anda y no peques más”.
En la
Misa del Domingo de Gloria, el obispo señaló: “Hoy Jesucristo nos enseña a descubrir el sentido y el misterio de la vida:
- Si quieres resucitar, enfrenta la oscuridad, la angustia, el dolor.
- Si quieres resucitar, asume los dolores propios y de los hermanos.
- Si quieres resucitar, enfrenta la enfermedad, la injusticia, las crisis personales, familiares o comunitarias; enfrenta la soledad y la debilidad.
No pases al lado. Como Jesús debemos meternos dentro de la pasión, del dolor y del sufrimiento porque allí donde aparentemente vence la muerte, ahí surge la vida. Por eso la tumba está vacía. Donde los hombres condenamos al Señor para liberarnos de él, de allí ha nacido la vida; tal como emerge la vida cuando parece que la muerte está venciendo. Allí donde está la muerte, abundan los deseos de vida. Allí donde hay drama humano, como los que han vivido tantos hermanos del sur de Chile, surge la solidaridad y la caridad cristiana.
Finalmente hizo un llamado a ser cristianos como María Santísima “a quien le fue anunciado que una espada atravesaría su alma, María que guardaba todas las cosas de Jesús en su corazón, María al pie de la cruz, María del cenáculo en Pentecostés, María asunta a los cielos, Ella ha recorrido el camino al que estamos todos invitados. Ella comprendió y vivió aquella verdad antes que la proclamara San Pablo: “Si con Él morimos, con Él viviremos; si con Él sufrimos, con Él reinaremos”.
Fuente: Obispado de Melipilla