
La ceremonia fue presidida por el obispo diocesano, monseñor Jorge Concha Cayuqueo, y concelebrada por el vicario general, Pbro. José Manuel González; el vicario de pastoral, Pbro. Rodrigo Aguilar Gómez; el Pbro. Jaime Villalobos y diáconos. A la eucaristía asistieron cientos de personas, junto a autoridades nacionales y locales, entre ellas el ministro secretario general de la Presidencia, José García Ruminot, en representación del Presidente de la República y su esposa; los senadores Miguel Becker y Rodolfo Carter; los diputados Stephan Schubert y José Montalva; y el alcalde de Temuco, Roberto Neira, entre otros.
Gratitud y esperanza
En su homilía, monseñor Jorge destacó el profundo sentido de la Eucaristía como acción de gracias a Dios Padre, especialmente por el don de Jesucristo, cuya muerte y resurrección abren la esperanza de la vida eterna. En ese contexto, señaló que la comunidad se reunía no solo para despedir, sino también para agradecer la vida de Don José Rosenberg y encomendar su alma al Señor.
“Damos gracias a Dios por un hombre justo, por Don José Rosenberg, por su vida fecunda que se extendió desde su natal Angol hacia Temuco, su región y más allá. Don Pepe amó profundamente esta tierra, y fue aquí donde desarrolló la fuerza visionaria que marcó su existencia. Su historia es la de un hombre de esfuerzo incansable, de trabajo abnegado, de responsabilidad y de una mirada que supo proyectarse con generosidad hacia el futuro. Es, sin duda, un orgullo para nuestra ciudad y nuestra región”, expresó el obispo.
Una vida guiada por valores y fe
Asimismo, subrayó que una vida como la suya no puede comprenderse sin valores sólidos y principios profundos. “Solo él, y seguramente su familia, saben cuánto y cómo estuvo Dios presente en su interior, modelando su corazón y haciendo brotar lo mejor de sí. Pero lo que sí sabemos es que ese bien se hizo visible en sus obras, en su trato con los demás y en su forma de entender la vida”, agregó.
El obispo profundizó además que: “Todos recibimos de Dios un don, como una piedra en bruto, que estamos llamados a pulir y hacer brillar, no solo para nosotros, sino para los demás. En Don Pepe, ese don se transformó en servicio, en ejemplo y en una inspiración que seguirá iluminando a las nuevas generaciones”.
El compromiso con las personas, su sello más profundo
Uno de los aspectos más destacados de su legado fue su compromiso con las personas, especialmente con quienes formaron parte de su empresa. El obispo resaltó su cercanía y preocupación constante por sus trabajadores:“Don José fue un testimonio extraordinario de humanidad y generosidad. No solo construyó una gran empresa; también construyó una comunidad. Siempre pensó en el bienestar de sus colaboradores y sus familias, procurando condiciones de vida dignas, acompañándolos en momentos difíciles y promoviendo espacios de encuentro, recreación y crecimiento”.
Añadió que su visión empresarial estuvo siempre marcada por un profundo sentido social: “Su generosidad no conoció límites. Supo reconocer en los más frágiles el rostro de Cristo, y actuó en consecuencia, con solidaridad, compromiso y una genuina vocación de servicio hacia el desarrollo de la región y del país”.
El descanso eterno y una obra que perdura
Finalmente, el obispo invitó a la comunidad a mantener viva su memoria a través de su ejemplo: “Hoy ya no está físicamente con nosotros, y su ausencia se hará sentir. Pero su testimonio permanece. Pedimos a Dios que, así como él contribuyó a dar descanso a miles de personas a través de su obra, hoy el Señor le conceda el descanso eterno en su paz”.
El reconocimiento de una ciudad
Entre aplausos, emoción y palabras cargadas de afecto, familiares, cercanos y autoridades coincidieron en destacar no solo la trayectoria empresarial de Don José Rosenberg, sino también su calidad humana y su forma de ejercer el liderazgo.
Aunque no ocupó cargos públicos ni fue una figura política, su influencia fue innegable. Desde un origen sencillo, supo transformar un sueño en una empresa de alcance internacional, que hoy genera empleo para más de tres mil personas dentro y fuera de Chile. Sin embargo, quienes lo conocieron coinciden en que su mayor legado no se mide en cifras, sino en el impacto humano de su vida.
Un liderazgo que inspiraba, no imponía
Tal como lo expresó una de sus hijas, Don Pepe fue un líder que no necesitó imponer su autoridad: “La inspiraba con el ejemplo, con la coherencia entre lo que decía y lo que hacía, con su respeto profundo por cada persona. Creía firmemente que el valor de una organización está en su gente, en su dignidad y en su capacidad de construir juntos un bien mayor”.
Sus hijos, nietos y cercanos recordaron su sencillez, su cercanía y su permanente preocupación por los demás. Más allá de sus logros, destacaron su convicción de que el éxito verdadero radica en contribuir a una sociedad más justa, más humana y más solidaria.
Un legado que seguirá vivo en Temuco
El alcalde de Temuco, Roberto Neira, subrayó que el legado de Don José Rosenberg trasciende lo empresarial y se instala en el corazón de la comunidad. “Su compromiso con las personas, su amor por Temuco y su aporte al desarrollo de la ciudad lo convierten en una figura que merece ser recordada permanentemente”, señaló.
Asimismo, anunció que propondrá al Concejo Municipal designar una calle con el nombre de José Rosenberg Villarroel, como homenaje a su trayectoria.
Un hombre de fe auténtica
La Diócesis San José de Temuco expresa su más profunda gratitud por la vida de don José Rosenberg, un hombre de fe auténtica, que vivió y practicó el Evangelio en lo cotidiano. Supo reconocer en los más frágiles el rostro de Cristo y, fiel a ese llamado, actuó con generosidad, solidaridad y un firme compromiso, encarnando una verdadera vocación de servicio. Su entrega contribuyó significativamente al desarrollo de la región y del país, dejando una huella imborrable de amor cristiano.
A nombre de la diócesis, elevamos una oración de agradecimiento por su vida y compromiso cristiano, que descanse en paz.
Fuente: Comunicaciones Temuco