Obispo de Valparaíso invita a vivir la Cuaresma como un tiempo de gracia, conversión y compromiso fraterno

Con la celebración del Miércoles de Ceniza, este 18 de febrero, la Iglesia ha iniciado el tiempo litúrgico de la Cuaresma, un camino espiritual de cuarenta días que prepara a los fieles para la celebración central de la fe cristiana: la Pascua del Señor. En este contexto, el Obispo de Valparaíso dirigió un mensaje a toda la comunidad diocesana, invitando a vivir este tiempo como una oportunidad privilegiada de renovación personal y eclesial.
En su reflexión, el Pastor diocesano recordó que la Cuaresma no es solo un período marcado por signos externos, sino un verdadero itinerario interior, un “tiempo de gracia” que llama a la conversión sincera y al retorno confiado al corazón de Dios. Se trata, señaló, de permitir que el Señor transforme la vida, purifique las intenciones y renueve la esperanza, tanto en lo personal como en lo comunitario.
El Obispo destacó la importancia de asumir con profundidad las prácticas tradicionales que la Iglesia propone para este tiempo: el ayuno, la oración y la penitencia. El ayuno —explicó— no se reduce a una simple privación, sino que es un ejercicio espiritual que ayuda a ordenar los deseos, fortalecer la voluntad y recuperar la libertad interior. La oración, por su parte, es el espacio privilegiado de encuentro con el Señor, donde el corazón se abre a su Palabra y se deja conducir por su Espíritu. La penitencia, finalmente, dispone a la reconciliación, invita a reconocer las propias fragilidades y a acoger el don de una vida nueva en Cristo.
Junto con este llamado a la conversión personal, el Pastor diocesano subrayó que la Cuaresma tiene también una dimensión comunitaria y social. La fe se manifiesta en obras concretas de amor y solidaridad, especialmente hacia quienes más sufren. Por ello, animó a todos los fieles a participar con generosidad en la Campaña de Cuaresma de Fraternidad, signo tangible del compromiso cristiano con los más necesitados y expresión concreta de una Iglesia que quiere vivir el mandamiento del amor.
Asimismo, invitó a las parroquias, comunidades, movimientos y familias a intensificar durante este tiempo los espacios de oración, celebración penitencial y formación, para que la Cuaresma sea verdaderamente un camino compartido que fortalezca la comunión diocesana.
Finalmente, el Obispo encomendó este tiempo litúrgico al Señor, pidiendo que cada fiel pueda recorrerlo con espíritu abierto y corazón disponible, de modo que la celebración de la Pascua encuentre a la Iglesia de Valparaíso renovada en la fe, fortalecida en la esperanza y comprometida en la caridad.
De este modo, la diócesis se dispone a caminar unida hacia la Pascua, acogiendo este tiempo como un don y una oportunidad para crecer en santidad y en fraternidad.
Fuente: Comunicaciones Valparaíso