Mensaje de Monseñor Isauro Covili, Obispo de Iquique, en el Día Internacional de la Mujer

Queridos hermanos, hermanas
y personas de buena voluntad.
¡Que el Señor les conceda la paz!
Hoy 8 de marzo, celebramos la dignidad fundamental de la mujer en la sociedad y en la Iglesia, su ser “Mujer”. En este Año Jubilar 2025, nos unimos a todas las mujeres, en esta gran celebración internacional y eclesial, la mujer es portadora de esperanza.
Inicio este mensaje de cercanía y gratitud a todas las mujeres, con palabras que el papa Pablo VI en el año 1976, manifestó y que resuenan muy actuales: “En efecto, en el cristianismo, más que en cualquier otra religión, desde sus orígenes la mujer tiene un reconocimiento especial en cuanto a dignidad, del cual la Sagrada Escritura, en el Nuevo Testamento da testimonio en muchos pasajes de aspectos y rol de la mujer en el servicio eclesial, siendo ella protagonista en la misión salvífica de Jesucristo. Es evidente que la mujer está llamada a formar parte de la estructura viva y operante del cristianismo de un modo tan prominente que acaso no se hayan todavía puesto en evidencia todas sus virtualidades”. (Pablo VI, Discurso a las participantes en el Convenio Nacional del Centro Italiano Femenino (6 de diciembre de 1976): Insegnamenti di Paolo VI, XIV (1976), 1017)
Después de la voz de la Iglesia, les regalo a continuación una alusión bíblica “Una señal apareció en el cielo, una mujer revestida de sol, con la luna bajo sus pies y coronada de doce estrellas…” (cfr. Apocalipsis.12,1). A María, la Virgen se le reconoce como “Reina del Cielo” en su dignidad de hija de Dios. En María la dignidad de cada mujer es ensalzada por Dios.
De la mano de la Virgen, saludamos sin exclusión y con especial afecto a todas las mujeres: Madre, Trabajadora, Esposa, abuela, Consagrada, Estudiante, Hija, Hermana, Migrante, Indígena, Campesina, Cuidadora, Trabajadora de casa particular, a la que regala se tiempo en las organizaciones sociales, a las Mujeres del universo todo. Te saludamos por ser mujer, por tu valor y dignidad creacional y saludamos de manera especial a todas las mujeres que se empeñan y luchan cada día, algunas solas, otras veces en colectivos de mujeres, apoyadas por hombres, por empujar la historia, para que esta conquiste más humanidad, como fue el sacrificio, la osadía de todas las mujeres que originaron la conmemoración de esta fecha, y de las que, en todo tiempo, y en el presente, se empeñan para alcanzar mejor vida para todos.
Hoy es tiempo para renovar, como cristianos católicos, nuestro compromiso con la justicia social. Como discípulos y seguidores de Jesús, con valentía profética y esperanzadora, somos llamados a iluminar con el evangelio todas las estructuras de exclusión, desigualdad de género y situaciones de pobreza, que afecta a la mujer de cualquier edad, género y cultura. Expresamos un compromiso evangélico con las mujeres que sufren, por las que están enfermas, encarceladas, abandonadas o viven en soledad.
Nos unimos como pueblo de Dios a estos homenajes y a esta celebración, proclamando con convicción la dignidad de la mujer, de toda mujer, por el hecho importante de ser persona. El papa Francisco nos enseña: “Una dignidad infinita que se fundamenta inalienablemente en su propio ser, le corresponde a cada persona humana, hombre y mujer, más allá de toda circunstancia y en cualquier estado o situación en que se encuentre”. (Francisco, Laudate Deum, 4 de octubre 2023).
El papa Juan Pablo II nos enseñó: “Si la dignidad de la mujer testimonia el amor, que ella recibe para amar a su vez, el paradigma bíblico de la «mujer» parece desvelar también cuál es el verdadero orden del amor que constituye la vocación de la mujer misma. Se trata aquí de la vocación en su significado fundamental, —podríamos decir universal— que se concreta y se expresa después en las múltiples «vocaciones» de la mujer, tanto en la Iglesia como en el mundo”. (Carta Apostólica Mulieris Dignitatem del papa san Juan Pablo II)
Hace 60 años los padres conciliares manifestaron: “Llega la hora, ha llegado la hora en que la vocación de la mujer se cumple en plenitud, la hora en que la mujer adquiere en el mundo una influencia, un peso, un poder jamás alcanzado hasta ahora. Por eso, en este momento en que la humanidad conoce una mutación tan profunda, las mujeres llenas del espíritu del Evangelio pueden ayudar tanto a que la humanidad no decaiga. (Mensaje del Concilio a las mujeres, 8 de diciembre de 1965, AAS 58. 1966), 13-14)
Deseo finalizar este mensaje por el día de la mujer, invitando a toda la Iglesia que peregrina en la Región de Tarapacá, a las familias, a las comunidades cristianas, a los bailes religiosos, y a todas las organizaciones, que se permitan un espacio de encuentro y dialogo respetuoso, pastoral y fraterno, sobre la mujer y el hombre, su dignidad común ante Dios y creados para la comunión y en complementariedad.
Como pastor y Obispo de esta Diócesis, comprometo mi oración y cercanía fraterna por ustedes mujeres, pidiendo al Padre creador, que las bendiga y atienda sus necesidades. Termino expresando mi especial afecto y gratitud a aquellas mujeres que permiten que nuestra Iglesia tenga vida, solidaridad y esperanza. A todas ellas, un abrazo fraterno de justicia, paz y amor.
Que María Santísima, Madre del Carmelo, Reina de la paz y la justicia, ejemplo de fortaleza, de fe y esperanza, las reconforte ahora y siempre.
+ Isauro Covili Linfati, OFM
Obispo de la Diócesis de Iquique
Fuente: Comunicaciones Iquique